Roma II
Una peste afectó Roma, provocando una mortandad de dos mil personas diarias, una de las víctimas de la peste fue el emperador Marco Aurelio, la ciudad no se recupero de esta pérdida y, a finales del siglo III su población aún no había igualado la cifra de habitantes de antes de la peste.
Durante el siglo III, el Imperio se vio sacudido por una profunda crisis en que la amenaza de los bárbaros se combinó con la inestabilidad política. En este ambiente de crisis, para proteger la ciudad, en 273 el emperador Lucio Domicio Aureliano ordenó la construcción de unas grandes murallas, que tenían un perímetro de veinte kilómetros.
Esta crisis fue superada gracias a la llegada al poder del emperador Diocleciano (284-305), el cual garantizó una cierta estabilidad al Imperio mediante toda una serie de reformas, la más importante fue la instauración de la tetrarquía, en la que el Imperio era gobernado por dos emperadores, a quien correspondía el título de Augusto, por debajo de los cuales había dos Césares.
Roma partir de entonces perdió la condición de capital del Imperio; poco después, el año 330 Constantino fundó Constantinopla como nueva capital del Imperio, y una gran parte de la aristocracia romana emigró a la nueva capital.
Cuando Teodosio dividió el Imperio entre Oriente y Occidente, la capital del Imperio occidental fue Rávena, pero no Roma. El Senado perdió una gran parte de su poder, pero, aun así, todavía conservó su prestigio.
Constantino impuso el cristianismo como nueva religión del Imperio, así los obispos, dirigentes de la Iglesia, se convirtieron en una nueva aristocracia del Imperio. Finalmente, el 391 Teodosio (379-395) declaró el cristianismo en la única religión oficial del imperio, comenzando así la persecución del paganismo.
A pesar de la pérdida de la capitalidad, Roma conservaba un cierto prestigio y, así, los emperadores hicieron hacer construcciones.


